La importancia de la educación financiera

El mes pasado un amigo, trabajador autónomo, me explicó que dado que su negocio iba bien había decidido ampliar una parte del mismo y para ello estaba pensando en pedir un préstamo al banco.

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Mi amigo también quería cambiar entonces su movil por uno mejor y así empezó a buscar por internet información sobre distintos modelos. A los dos días ya había hecho un curso acelerado sobre sistemas, procesadores, memoria ram, megapixels, pulgadas, etc… Después, preguntó a otros amigos “expertos” en móviles para acabar de afinar su decisión. Finalmente, visitó las tiendas de dos operadores de telefonía para decidir si se cambiaba desde su actual operador a otro en función de la oferta que le hiciesen. En todo el proceso invirtió varios días y el resultado fue la compra de un movil por unos 450€.

Para su operación financiera, visitó una sola vez su sucursal bancaria y contrató un préstamo por valor de 30.000€, previa entrega de algunos documentos que le proporcionó su gestoría y el compromiso de contratar un plan de jubilación y un seguro de hospitalización. El tiempo que dedicó mi amigo a este asunto fue de unas 3 horas, incluyendo la visita a la notaría para firmar el préstamo.

La semana pasada coincidí en una cena con mi amigo y encantado con su buena compra, me mostró todas las habilidades de su nuevo movil. Cuando le pregunté por el préstamo, sin embargo, no sabía exactamente si había contratado un préstamo personal o un crédito, desconocía si las comisiones que le habían aplicado eran correctas o competitivas, creía que el plan de jubilación era un plan de pensiones y que el seguro de hospitalización le cubría económicamente una eventual baja en su actividad. Al analizarlo con él con un poco de detalle, descubrió que lo que había contratado no era ni la mejor opción ni tampoco la más barata, ni probablemente la más adecuada.

A lo largo de nuestra vida todos estamos en contacto, de forma casi obligada, con un sinfín de productos financieros, unos más complejos que otros, que pueden proporcionarnos tranquilidad y comodidad o grandes quebraderos de cabeza en función de cómo sepamos gestionarlos.

Desde pequeños recibimos formación en diversas disciplinas destinadas a facilitar nuestra vida adulta y sin embargo y a pesar de la importancia que las finanzas tienen sobre toda nuestra vida, no nos preocupamos en formarnos en educación financiera: o bien derivamos esa responsabilidad en otros o bien tomamos decisiones “a ciegas”.

Sólo desde hace bien poco se ha empezado, y de manera muy tímida, a formar a los alumnos de Educación Secundaria en aspectos muy básicos relacionados con las finanzas personales.

La actual crisis económica ha puesto de manifiesto la necesidad de analizar cuidadosamente nuestra planificación financiera. Cada día tenemos noticias de las desagradables consecuencias que la falta de cultura financiera acarrea. Ejemplos muy recientes de ello son las preferentes o el tratamiento de las hipotecas, que han causado problemas muy graves a una parte de la población.

Desafortunadamente, mucha gente ha aprendido una dura lección: cuando nos ponemos en manos de un único asesor financiero, éste, a veces, se guía más por su interés en comercializar un determinado producto que por el análisis de nuestras necesidades y expectativas.

Las entidades financieras ofrecen gran cantidad de información sobre los productos que comercializan y en la red es posible ampliarla casi sin límites. Pero a menudo esta información está escrita en un lenguaje técnico y elevado que dificulta su comprensión y su análisis requiere un esfuerzo de tiempo considerable.

Para poder planificar nuestro futuro con un mínimo de garantías es necesario disponer de las herramientas adecuadas que sólo el conocimiento nos puede proporcionar. Realizar una buena gestión de todos aquellos elementos que forman parte de los aspectos económicos de la vida implica tener un buen conocimiento de las finanzas personales y manejar con soltura conceptos como ahorro, inversión, gastos, endeudamiento, seguros, previsión o impuestos, entre otros.

Mi amigo dedicó casi una semana a informarse bien sobre una decisión de compra que le suponía 450€ y sin embargo solo dedicó unas pocas horas y delegó su decisión en un tercero para una operación de 30.000€. Curioso, no?

Si mi amigo hubiese tenido una buena educación financiera habría sido capaz de ver que lo que le estaba ofreciendo su entidad era el abanico de productos en campaña y no aquello que realmente se ajustaba a su necesidad. E incluso habría podido negociar mejores condiciones en la contratación de esos productos.

Foto Rosa CV

Rosa Ferreiro

Consultora de Formación

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